Sí, a veces salen granitos en verano, justo cuando queremos lucir nuestra mejor cara. La doctora Débora Azuaje nos explica los motivos, cómo prevenirlos y tratarlos.
El sol tiene un efecto bactericida y antiinflamatorio que hace que salgan menos; al mismo tiempo, el bronceado ayuda porque camufla las imperfecciones. “Pero no nos equivoquemos porque es un fenómeno momentáneo y habrá probablemente rebote, ya que el sol también tiene un efecto comedogénico”.
Al exponerse al sol sin la debida protección, unido a los efectos perniciosos del cloro y el salitre, se produce en la piel una gran agresión que hace que se deshidrate, el estrato córneo se engrose para protegernos del sol y aumente la secreción sebácea. Si a ello le unimos que en verano solemos relajarnos con las buenas costumbres en la mesa y añadir picoteos ricos en grasas saturadas, ya tenemos el porqué. Esto a veces sucede a la vuelta de vacaciones; otras, durante.
“Las altas temperaturas provocan sudoración y que las glándulas sebáceas se activen. De este modo, los poros obstruidos erupcionan y originan esas vesículas superficiales que incluso pueden llegar a convertirse en bultos más profundos”. La buena noticia es que estas imperfecciones se pueden prevenir. Y en buena parte tiene que ver con la fotoprotección.
Fotoprotección, siempre… pero en textura ligera
Para la doctora Débora Azuaje, las cremas con índice de protección solar deben dejar transpirar la piel, ya que a menudo no nos fijamos en la textura y esta puede resultar oclusiva. También es importante que sea un producto específico para rostro y que refuerce las defensas de las pieles sensibles. Pero ojo, porque existe la creencia de que la fórmula del fotoprotector en sí ensucia la piel y tapona el poro, y no es así (a menos, como decimos, que no escojamos la textura correcta).
Hoy en día, existen productos específicos para pieles grasas o acneicas con complejos seborreguladores y matificantes, y además el uso diario y repetido de este gesto es esencial para evitar el efecto rebote, así como la hiperpigmentación de las lesiones de dicho acné.
Higiene y exfoliación, de cabecera
La limpieza diaria mañana y noche, la exfoliación semanal y la hidratación con el producto adecuado en cada caso es en verano más importante que nunca para evitar el problema. “También recomendamos tomar antioxidantes orales o bien aplicar cremas que contengan astaxantina, un activo que nos ayuda a evitar los efectos negativos de la radiación solar sobre la piel”.
Maquillaje: ¿sí o no? Ya hemos superado aquello de que las bases asfixian el cutis. Hoy en día los hay pensados para piel con tendencia al acné y que mantienen a raya los brillos y que además ayudan a camuflar. “No estaría mal dejar a la piel descansar en verano, pero si eso supone un problema se puede usar maquillaje, siempre que se extreme el cuidado con la limpieza”.
Evitar los cosméticos con siliconas, ya que, dicen, sellan la piel, taponan los poros y no permiten a la dermis oxigenarse. En su lugar, proponemos utilizar productos que sean no comedogénicos, astringentes y antibacterianos. También se puede incluir en la rutina de mañana y noche un tratamiento que contenga ácido azelaico por sus propiedades antibacterianas, antiinflamatorias y despigmentantes, así como aplicar un sérum exfoliante enzimático y natural de noche que renueve la piel desde la primera aplicación.
La premisa es que sean productos suaves, ya que en la temporada estival el uso de algunos activos, como los retinoides o los alfahidroxiácidos, unidos a la radiación solar, podrían irritar la piel, sobre todo si no está acostumbrada a esta rutina.
Han aparecido, ¿y ahora qué?
Ahora, a no tocarlos. Es fundamental acudir a un profesional, que realice un buen diagnóstico y aconseje el tratamiento oportuno para frenar el brote, si lo hay, y evitar las manchas e incluso cicatrices que podrían dejar los granos.
